lunes, 10 de marzo de 2014

Montando en la Ola del Placer

Por Amitabhanath


Diversos estudiantes me han preguntado en innumerables ocasiones cómo pueden aprovechar el aspecto vital de la sexualidad en su práctica espiritual. Primero de todo quiero decir que no voy a explicar ninguna Sadhana de tipo sexual perteneciente a la tradición Kaula o Nath, cosas como el Ritual del Panchamakara o Panchatattva, o la adoración de Maa Kali con vino y consorte como prescriben algunos Tantras. Considero que este tipo de Sadhana requiere una elevada cualificación (adhikari) por parte del Sadhaka y la guía de un Gurú competente.

Personalmente pienso que en los círculos de estudios y prácticas relacionados con el Tantra se da una excesiva importancia al asunto de lo sexual, que en los Sastras (escrituras) es prácticamente anecdótico. Si comparamos las instrucciones relativas a cosmología, medicina, astrología, ritual, mantra, diksha, etc,... contenidas en los Tantras, las enseñanzas directamente relativas a la práctica sexual son mínimas, si es que se producen.

Sí es verdad que la sexualidad es un tema que preocupa a muchos estudiantes, y llegará un momento en el proceso interno de un buscador espiritual sincero en que tenga que tomar una decisión al respecto de la sexualidad. En mi opinión, hay tres posibilidades:

1. Reprimir el impulso sexual (no recomendable en absoluto), lo que conlleva a diversas manifestaciones de neurosis.

2. Sublimarlo a través de determinadas prácticas espirituales no directamente relacionadas con lo sexual (desarrollo artístico, devoción a la deidad, practica de Kundalini y Laya Yoga, etc).

3. Usar la experiencia sexual como un trampolín que propulse la conciencia a la Unidad divina.

Para aquellos que eligen la segunda y tercera opciones es que escribo esto.

Existe dentro del Tantra, y específicamente dentro del Shaivismo de Cachemira, un acercamiento meditativo a la experiencia del placer sexual que busca alcanzar la experiencia de la Unidad Divina. Este acercamiento se encuentra concretamente en un antiguo texto de más de mil años llamado Vijnanabhairava, que reclama ser la quintaesencia de otro muy importante Tantra más antiguo, el Rudrayamala Tantra.

El Vijnanabhairava proporciona al yogui 112 técnicas de meditación a través de las cuales puede alcanzar la Realidad Última. De éstas, sólo tres tienen relación con la unión sexual. Únicamente comentaré dos de ellas, pues la tercera se relaciona con determinados aspectos de Kundalini Yoga en los cuales no podemos entrar aquí por razones de espacio.

La idea del Vijnanabhairava es que en medio de la intensidad de la experiencia sensorial el Sadhaka puede unirse con Siva, la Conciencia, el Ser.

Consiguientemente, el texto da varios niveles de experiencias sensoriales que pueden convertirse en vehículos que nos conduzcan a lo Divino. El primero es la que nos ocupa, la experiencia sexual, que se menciona en los versos 69-70. Pero esto no es una justificación para dar rienda indiscriminada al impulso sexual, ni para la indulgencia. El sentir del Tantra a este respecto fue muy bien descrito en una publicación hindú de 1979, citado por Jaideva Signh en su traducción del Vijananabhairava:

"Tu no sabes lo que es el amor, ni lo que es amar. Yo te lo diré; el amor no es nada más que el Ritmo del Tao.

Te lo he dicho, es del Tao que tu vienes; es al Tao que retornarás. La mujer se revela a tus ojos y tu piensas que ella es el final hacia el cual te conduce el Ritmo del Tao, pero aun cuando esta mujer es tuya y tu te has excitado con su contacto, sientes todavía el Ritmo dentro de ti insatisfecho y aprendes que para satisfacerlo debes ir más allá. Llámalo amor si quieres; ¿qué importa un nombre? Yo llamo a esto Tao.

La belleza de la mujer es sólo un vago reflejo de la belleza informe del Tao. La emoción que ella despierta en ti, el deseo de borrarte a ti mismo en su belleza... créeme, eso no es nada más que el ritmo del Tao, sólo que tu no lo sabes.... No busques tu felicidad en una mujer. Ella es la revelación del Tao ofreciéndose a sí mismo a ti, ella es la forma más pura en la Naturaleza a través de la cual el Tao se manifiesta; ella es la Fuerza que despierta en ti el Ritmo del Tao - pero ella es sólo una pobre criatura como tu mismo. Y tu eres para ella la misma revelación que ella es para ti. Esta es la expresión del Tao que no tiene ningún límite, ni forma, y que tu alma desea en el éxtasis que la visión de ella te causa, este extraño e inefable sentimiento, no es nada más que la unión con aquella Belleza y con la fuente de aquella Belleza- con el Tao.

Tu alma ha perdido a su amado Tao con quien estaba antes unida y anhela el reencuentro con el Amado. Una Unión absoluta con el Tao- ¿no es esto Amor infinito? Ser tan absolutamente uno con la Amada que tu eres completamente suyo, y ella enteramente tuya- una unión tan completa y tan eterna que ni la vida ni la muerte pueden separarte nunca de ella, tan pacífica y pura que el Deseo ya no puede despertar más en ti, porque la felicidad suprema ha sido alcanzada y sólo hay paz, sagrada y luminosa paz en calma. Ya que el Tao es el Infinito del alma, uno, eterno y todo-puro."

(Citado en Madre India de Enero, 1979, de Arya, Junio, 1915)

Pero el sexo, para el Vijnanabhairava, es sólo un ejemplo de la intensa experiencia sensorial derivada de sparsha, o “contacto”. Está también, por ejemplo, la intensa experiencia sensorial producida al ver a un amigo querido, o a un pariente, derivada de rupa, o “visión”. También están las intensidades de la experiencia sensorial derivadas del sonido (sabda) y el sabor (rasa).

Lo que quiero decir es que la obra que estamos tratando ahora mismo describe entre otros un método meditativo y extático en el que se usan determinadas experiencias intensas sensoriales para unirse con lo Divino, entre ellas, ni más ni menos exaltada que las otras, la sexual. Voy a proceder a daros los dos versos del Vijnanabhairava en los que se habla de éste sujeto, con un pequeño comentario. Primero el verso 69:

En el momento de la relación sexual con una mujer, una absorción en ella es provocada por la excitación, y el deleite final consiguiente al orgasmo presagia el deleite de Brahman. Este deleite es (en realidad) el del propio Ser”.

Vijnanabhairava, 69

Este verso nos dice que envueltos en la relación sexual con una persona (en el texto una mujer, pero podría ser un hombre también, claro) “una absorción en ella es provocada por la excitación”. Cuando estamos envueltos en la relación sexual, si esta es muy intensa y no estamos pensando en nada más, si nuestra conciencia está anclada al aquí y ahora eternos sin considerar recuerdos del pasado ni previsiones acerca del futuro, y si además existe el lazo del amor, se produce una “absorción” o Samadhi exenta de dualidad.

El deleite del orgasmo es entonces un “reflejo” del deleite (ananda) del Brahman, el Ser Supremo. Y esta Ananda proviene del propio Ser de uno. Aunque habitualmente nos apegamos a nuestro amante, en la falsa creencia de que él-ella es la fuente de nuestro placer, no es así, el deleite realmente viene de nuestro propio Ser, y nuestra pareja es sólo un mero estímulo para el surgimiento de ese deleite, que es un reflejo del deleite de Brahman. Esto nos conduce y casi explica el siguiente verso, el 70:

Oh, Diosa, incluso en la ausencia de una mujer, hay un torrente de deleite, simplemente por la intensidad del recuerdo del placer sexual en la forma de besar, abrazar, presionar, ...”

Vijnanabhairava, 69

El torrente de placer sexual que uno puede sentir incluso en la ausencia de una mujer o un hombre, simplemente por recordar intensamente el placer sexual derivado de las miradas, las caricias, los besos, etc,... es la prueba de que el deleite surge del propio Ser de uno y no de la otra persona.

Por lo tanto, podemos instrumentalizar el momento de nuestra unión sexual con la persona amada o su recuerdo como una práctica meditativa que tiene el potencial de conducirnos al Re-conocimiento (Pratyabhijna) de nuestra verdadera naturaleza, que no es otra que la Conciencia. Podemos hacer esto en dos maneras:

1. En el momento de la relación sexual con nuestra pareja, mantener la conciencia del Testigo y posar esta consciencia intensamente sobre la experiencia de la excitación sensorial. Al mismo tiempo, meditamos contemplando que el placer sexual se transmuta en la bienaventuranza espiritual del Brahman.

Esta excitación sensorial puede verse elevada de nivel si meditamos en que nosotros somos la Deidad, y nuestra pareja la o el Consorte de la Deidad. Por ejemplo, si somos hombre, podemos visualizarnos a nosotros mismos bajo la apariencia del Señor Siva y a nuestra pareja femenina como la Consorte, Parvati, y viceversa. O una practicante femenina podría visualizarse a sí misma como la Señora Radha en unión sexual con el Señor Krishna.

2. En medio de la interacción sexual, podemos meditar en que el placer sexual se transmuta en el gozo divino y la Bienaventuranza (Ananda) emanada del propio Ser Supremo.


En una sesión de meditación sentada, podemos visualizar todo el proceso, emanándonos a nosotros mismos como la Deidad escogida (Ishta Devata) en abrazo sexual con Su consorte, y el gozo de la unión sexual como un reflejo de la bienaventuranza inherente en el Ser Absoluto o Brahman.